En este tiempo primaveral apetece ver unos retoños pajariles, aunque no todas las imágenes pertenezcan a esta estación y casi todas estén hechas en días cubiertos.
- Mayo de 2017
Gorrión hembra alimentando a sus crías
en el Actur
No he podido concatenar los vídeos porque el editor de llutuve ya no lo
permite (en lugar de mejorar, empeora, como sucede con casi todo
últimamente). La calidad es acorde a la cámara fotográfica y a la
improvisación con la que están hechos.
Patos en el Embarcadero del Parque del Agua
Nunca subir y bajar escaleras fue tan
divertido
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- Cairinas en el Canal, en septiembre de 2017
Unos han salido a papá y otros a mamá
Mirada asesina de madre protectora. Demasiadas palomas y
demasiado cerca.
Cuento siete pollicos
Plumitas esponjosas. Parece que hace fresquete.
La madre me está vigilando, aunque esté al otro lado de la
barandilla
Qué feas son las cairinas adultas, pero qué bonitas las
crías
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- Cairinas, esta vez adolescentes, en el Jardín Botánico,
noviembre de 2017
Momento de la ducha en hora punta
Ahora se ven todos
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- Cairinas en el Canal, en diciembre de 2017
En el lado oeste del Puente de America las aves son más
confiadas porque mucha gente acude a alimentarlas diariamente, en
cambio, en el oeste, desconfían y se alejan, como sucede este caso
Con el camuflaje, pasan bastante desapercibidos
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- Julio de 2018
Grajilla adolescente en el Parque Grande pidiendo comida
Patitos oscuros en el Jardín Botánico
Donde hay aves acuáticas alimentadas por personas, hay
ratas con alas
Cría de gallineta en el Canal Imperial
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Gorriones molineros alimentado a sus crías en Ranillas, abril de 2019
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- Entrada al Frente Fluvial de la Expo, una tarde de julio de
2019
Los huecos entre las piedras sirven de nido para los gorriones
Cada vez que tengo que ir a comprar, tiemblo. Lo que más me molesta es que desde el principio los dueños de los supermercados están diciendo que no habrá desabastecimiento, pero luego vas y no encuentras casi nada de lo que buscas.
Supongo que tenemos distinto criterio a la hora de interpretar la palabra “desabastecimiento”: yo pienso que estarán los mismos productos de siempre en las estanterías porque irán reponiéndolos según se vayan agotando, pero ellos lo entienden como que hay mercancía en los almacenes, pero no la sacan a medida que se va acabando porque contratar a más reponedores es una pérdida de dinero.
Imágenes de los destrozos provocados por el tormentón de julio de 2018 en el Parque Pignatelli
Por no hablar de que hay algunos establecimientos que tienen perpetuamente la estanterías medio vacías o completamente limpias: ¡horror!, porque me obligan a salir de nuevo o a visitar distintos comercios hasta que encuentro lo que necesito. Más tiempo fuera de casa, más probabilidad de entablar indeseable amistad con “la bisha”.
Por otro lado, he comprobado que algunos establecimientos están reduciendo su variedad (un par de tipos de jabón, en lugar de la miríada que había anteriormente) y reponiendo sólo productos que saben que van a vender. Otros que son menos populares en este estado de acaparamiento y comida basura, no los traen.
El gran problema es que no todo el mundo goza de una salud envidiable que le permita comer cualquier cosa, y a veces determinados alimentos sólo se encuentran en un establecimiento concreto. Es muy difícil hacer la compra en un sólo lugar. También hay productos que ya no venden porque supongo que van derivados a sanidad (guantes, desinfectantes, etc.).
Al principio, antes del aislamiento obligatorio, me divertía la histeria colectiva de la gente arramplando con el papel higiénico (especialmente el barato, que dura menos), como había pasado en Australia. Yo todavía estoy tratando de calcular cuánto me dura un rollo de los habituales.
Recuerdo el día 12 de marzo: entré en un supermercado y su aspecto era una mezcla de hora previa a la apertura de puertas al público (con palés obstaculizando los pasillos y estanterías medio vacías) y mañana de Navidad, con mucha gente comprando ávidamente. Como notas añadidas, una trabajadora reponiendo constantemente papel higiénico y la ausencia de gel de manos.
Me pregunto qué van a hacer los supermercados cuando pase esta crisis y las ventas de productos no perecederos desciendan porque los compradores tienen acumulado de sobra. ¿Harán ofertas especiales?
Pero pronto la histeria comenzó a ser irritante. La ciudad estaba polarizada entre los desquiciados y los que nos quejábamos de ellos por cómo nos perjudicaban vaciando los supermercados. También recuerdo a algún psiquiatra explicando cómo el cerebro de la razón debe controlar al de la emoción (animal), porque este último es el de la histeria.
Finalmente, los histéricos acabaron obligándonos a los demás a acaparar casi compulsivamente los productos que necesitábamos y los que no, porque temíamos ir a comprar y volvernos de vacío. Después, el aislamiento obligatorio nos empujó a lo mismo, porque, viendo lo que está durando esto en otros países, es mejor salir lo menos posible y almacenar lo máximo, aunque sigan faltando productos.
Primero nos dicen que no nos preocupemos, que no compremos masivamente, que habrá de todo (pero no lo hay), y después nos dicen que no salgamos de casa e incluso nos controlan la cantidad de compra en algunos establecimientos.
Al final, van a tener razón los histéricos y los abuelos de la postguerra con su compulsión acumulativa. La próxima vez que se acerque algo similar (que pasará, porque el mundo está globalizado y hecho un asco), aunque suceda en las antípodas, arrasaré las estanterías de los productos que necesito. Echo de menos las despensas que se tienen en los pueblos.
Me gustaría ir a comprar, encontrar todo lo que necesito (que no es mucho, pero es básico) y no tener que perder el tiempo ni arriesgar mi salud y la de los míos porque los supermercados no están debidamente abastecidos.
Por cierto, sigo viendo abuelos saliendo más de lo que deberían. Parece como si tuviéramos un gen de “suicidio pasivo geriátrico” que se activa en algunas personas al llegar a cierta edad. No se quieren morir, pero tampoco se cuidan. Me da pena que no lo entiendan y cómo puede afectar a sus familias.
✻ ✼ ✻
Cambiando de tercio, en ocasiones... veo belugas. Las redes se están llenando de peticiones de compartir imágenes a las que se les atribuye las cualidades sobrenaturales de superación, evitación o alejamiento de la bicha. La que más me ha gustado es la del cetáceo blanco, que, al parecer, da buena suerte, como los famosos búhos aquellos.
¡Y pensar que llegué a creer que el ser humano evolucionaría linealmente, que superaría supersticiones y avanzaría! ¡Puñetera historia cíclica y puñetera mente humana!
Puente del Tercer Milenio, abril de 2019
Por supuesto, las imágenes religiosas empiezan a abundar. Para quien le interese, según la tradición católica, san Roque y san Sebastián son los patrones contra la peste, el cólera y la gripe. Así que supongo que también lo son del covid-19.
Está bien que la gente se aferre a sus creencias (siempre y cuando no perjudiquen ni obliguen a los demás. Anda que no nos gusta a todos imponer lo nuestro), pero no descuidemos la ciencia y el desarrollo. La ciencia, por ejemplo, nos explica qué es un volcán y nos dice si está extinguido y si podemos vivir cerca; las religiones suelen utilizar el miedo a la ira de los dioses para tener a la gente sometida y haciendo sacrificios y ofrendas irracionales para aplacar ese enfado que se manifiesta en lava y terremotos. La ciencia es la que hace las curas y las vacunas.
Recuerdo el inicio de este año: la gente supersticiosa estaba aterrada porque es bisiesto (“año bisiesto, año siniestro”), como si el arreglo para corregir el desfase entre los 365 días de nuestro calendario y los 365 y pico días del año real atrajeran todo tipo de desgracias. Como si los años no bisiestos estuvieran libres de tragedias. Por otro lado, una gran mayoría estaba superjapi porque la cifra 2020 les parecía un número precioso y por ello auguraba cosas buenas. ¡Más de 2000 años después y seguimos relacionando belleza con bondad!
Esta nube es casi simétrica y es bonita
Son sólo números, que varían según la referencia religiosa o histórica de cada cultura, o que tratan de ajustar la medida del tiempo. Por cierto, estamos en el año 2772 desde la fundación de Roma, pero en abril será el 2773. ¿Observamos el vuelo de las aves para saber qué nos deparará?
Este 2020 será otro “año sin verano”, pero no por la erupción de un volcán en Indonesia, sino porque habrá que trabajar todo lo que no se va a poder en estos tres o cuatros meses.
Este verano es mejor no enfermar ni accidentarse, porque el personal médico estará indispuesto por agotamiento, recuperándose o despedido. Será mucho peor de lo que ha sido tener que pasar por un hospital en los últimos veranos.
“La Casa Grande”
Dentro de las casas habrá más agresiones y divorcios, pero también tendremos un nuevo babyboom, que sumado a la crisis económica y a que ahora la seguridad social de Aragón no hace vasectomías, será excesivo. Me veo venir que los poderes lo tomarán como pretexto para forzar a que las mujeres vuelvan al hogar y pierdan su independencia económica (como ocurrió en EEUU después de la IIGM).
Torreón y cárcel del Palacio de La Aljafería. Junio de 2019
Cuando estemos descendiendo la curva (sigmoidea o gausiana, o lo que sea) de contagio, pero aún no hayamos llegado a la fase final, pasará como en las pelis de catástrofes: habrá gente que perderá los nervios (por estrés, por impulsividad, por rebeldía, etc.), se saltará las normas y se perjudicará a sí mismo y a los demás.
Para curvas, las del cubrimiento del Teatro Romano. Febrero de 2018.
El día que todo esto acabe, lo mejor será quedarse en casa una semana más (si es posible), porque habrá una marabunta de gente por todas partes y todo volverá a estar sucio y destrozado: calles, establecimientos y zonas verdes (desde los parques a la naturaleza más silvestre).
Ranita vandalizada en el Puente de la Almozara. Abril de 2018.
Entonces los ladrones sí harán su agosto, porque la gente estará fuera de casa y porque habrán tenido meses para estudiar los hogares de todas las personas que se graban haciendo actividades varias (cocinando, haciendo deporte, etc.) o múltiples chorradas para ser virales.
Además, sigo sin entender que, pese a que la policía lleva años alertando sobre ello, los padres sigan grabando a sus criaturas y publicando sus imágenes abiertamente en la red.
Progenitores
con problemas de conexión neuronal que enseñan a sus niños cómo
traspasar el precinto de seguridad y saltarse las normas mientras una
crecida extraordinaria del Ebro inunda la zona de juegos de la Arboleda
de Macanaz. Rara vez fotografío gente (y menos menores), pero estaban en
medio de mi objetivo y lo estaban pidiendo a gritos. Enero de 2018.
Sí, los adultos tienen los pies en el agua
Al fondo, El Pilar y el Ebro absolutamente desbordado
La mayoría de la gente volverá a tener las mismas costumbres, aunque ahora digamos que vamos a contaminar y a consumir menos, a hacer más deporte, a ser más solidarios, etc.
Los casos de ansiedad, estrés y depresión se dispararán. Otros desarrollarán problemas mentales: germifobia o misofobia, TOC por lavarse tanto las manos y mantener una higiene importante en casa, etc. Los dermatólogos lo notarán por el aumento de eczemas y otras afecciones (durante la infancia de Falla, hubo una epidemia de cólera que le llevó a estar el resto de su vida lavándose las manos y desinfectando los pianos compulsivamente, hasta el extremo de tener la piel destrozada).
También se beneficiarán los endrocrinos y los nutricionistas (por aquellos que han sucumbido a la gula), y todos los médicos en general, porque los pacientes que tienen patologías crónicas no graves (de esas que te traen por la calle de la amargura, pero nadie lo entiende) estarán desesperados porque no han sido atendidos en todos estos meses y habrán empeorado.
Árbol destrozado en el Parque de Pignatelli por el tormentón de julio de 2018
Los grandes poderes (políticos-empresarios) utilizarán la crisis para recortar salarios, derechos, bienestar, etc. Los trabajadores no tendrán excusa para levantar la cabeza. Tanta avaricia de adinerados puede acabar en revoluciones crueles. Mientras tanto, muchos avispados sin escrúpulos aprovecharán este contagio para enriquecerse o adquirir poder.
Banco de España. Enero de 2018.
¡Es casi todo tan previsible! Estudiar historia, leer, ver la tele y recordar las experiencias propias y ajenas ayudan a prever el comportamiento humano. Seguro que sociólogos y psicólogos ya saben lo que nos espera. Creo que no quiero saberlo.