Me gustan las Navidades,
especialmente el bullicio en el centro cuando cae el sol y hace frío, y la
decoración de las calles: las luces, los escaparates exultantes de rojo y
dorado, etc.; pero no puedo con los papás noeles colgantes y todas sus variantes
ridículas, debidas probablemente a que la cultura del país fabricante (y de los
vendedores) no tiene nada que ver con la nuestra y, sin embargo, la gente los
compra, aunque sean tan absurdos como ponerle a una sevillana un sombrero
mejicano. Pero el ser humano es permeable a ciertas novedades y gusta del
hibridismo, como demuestra la historia de las religiones.
Todavía recuerdo el primero
que vi y el susto que me llevé porque, aunque medía menos de un metro, lo vi
con el rabillo del ojo y pensé que era una persona situada en un sitio
peligroso.
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Esto es de lo mejorcito que
se puede encontrar en los balcones. Coherente e incluso elegante.
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Sin embargo, es esta
versión la que triunfa en la ciudad.
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| Me da mucha grima porque parece un niño
levitando. |
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Para algunos hogares, el
levitador es poco y prefieren reunir la tradición hispana con la forana de san
Nicolás de Bari/Papá Noel con su escalera de leds y su saco.
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| Para
mi generación el hombre del saco significa otra cosa. Al menos, sus colores
combinan. |
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¿Cómo les explicamos a los
niños que Papá Noel (me extraña que todavía no lo llamemos santa Claus) es uno
solo y que entra por las chimeneas?
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| Aquí
tres gemelos intentando entrar por una ventana cerrada. ¿Alguien se acuerda de
aquellos muñecos-pinza de los años 90 que se colgaban de las cortinas?
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Pero esto es ya el colmo:
los Reyes Magos trepando por el balcón.
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| ¿En
serio? ¡Son reyes! Tienen pajes para hacer el trabajo sucio. No se bajan del
camello salvo para coger el ascensor, si lo hay.
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En el mismo edificio hay
dos adornos más: el Papá Noel de la derecha...
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... y éstos, cuyo saco es
tan pequeño que casi mejor que no se molesten en subir. ¿qué llevan, memorias USB?
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| Por
si los niños no estaban suficientemente confundidos, ahora son cuatrillizos.
El último, el pobre, siempre va de cabeza. |
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Sin embargo, el siguiente adorno
supera al anterior.
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Sextillizos y sin saco. Parece
como si el primero estuviera llegando y los restantes le preguntaran qué ve. El
último, de nuevo, de cabeza.
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Pasamos de los minis al
más grande que he visto.
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| Tiene el tamaño
de un hombre real. Demasiado real. |
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| Lleva luces hasta en el
saco. |
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Al menos lleva un buen saco
de regalos, aunque parece el de un ladrón de tebeo.
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A éste tan expresivo sólo
le falta el piolet, además del saco, claro.
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No parece tan feliz este otro, a
punto de caerse.
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| Sus
pies no se apoyan y cuelga de los brazos. Además, ¿por dónde pensaba pasar, por
mitad del muro de flores?
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Fotos de estas neblinosas Navidades
en los barrios de San Pablo y de La Almozara.
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